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on December 11, 2017 on 12/11/17 from

I leave here… Me voy de aquí…

My internship with la Misión Scalabriniana has come to an end so here is a reflection of my time working with the Venezuelan and Colombian populations in Ecuador.

I originally wrote this in Spanish, but scroll down to the English version that I wrote as well!

 

Español:

Mi pasantía con la Misión Scalabriniana en Ibarra fomentó mi conocimiento de los flujos migratorios de las poblaciones venezolanas y colombianas en Ecuador. Al escuchar las historias de las mujeres de los grupos de apoyo de mujer en la Misión, admiro su fortaleza y resistencia, pero también me doy cuenta de que vivimos en un mundo muy cruel que no tiene que ser cruel. Yo venía con la ilusión de poder entender a la población de migrantes y refugiados por mi propia experiencia con la comunidad inmigrante de México en los Estados Unidos. Sin embargo, me “cayó el veinte” de que la experiencia de migración mexicana es muy distinta a lo que se ve de colombianos y venezolanos.

Me voy de aquí más confundida y más curiosa sobre los patrones migratorios y de refugio en América Latina. Pasé muchas de noches después de estar en la Misión investigando el conflicto de Colombia para poder mejor entender los casos de la gente colombiana. Pronto me di cuenta de que el conflicto armado en Colombia tiene una historia larga y compleja. También me dí cuenta de que a pesar de ser migrantes, los casos de cada quien eran muy diferentes por cuestiones de país (Venezuela y Colombia), políticas, económicas, y sociales.

Me voy de aquí queriendo conocer las tierras y culturas de los países natales de la gente de la Misión. Me voy de aquí con ganas de ver esos lugares hermosos de Cali, Caquetá, Caracas, Mérida, y todos los pueblos y ciudades de las cuales escuché muchos cuentos.

Me voy de aquí con antojo de comer arepas, pandebono, tostones, y quesillo. Me voy de aquí saboreando ese rico café colombiano y aguapanela que calienta el cuerpo de uno y su alma.

Me voy de aquí acostumbrada a escuchar la dulce musicalidad de esos suaves y rápidos acentos venezolanos y colombianos.
Me voy de aquí con “chama”, “vaina”, “ladilla”, “pana”, y “ratico” bien guardados en mi vocabulario.

Me voy de aquí sintiendo que mis aportes no fueron suficientes y que mi estancia fue muy temporal.

Me voy de aquí enojada y con remordimiento hacia esta sociedad xenófoba en la cual todos tomamos parte.

Me voy de aquí pensando en la mujer colombiana que no ha tenido el dinero para comprar la medicina que necesita para su cerebro. Me quedo pensando en que si ella tuvo que pasar más noches dormida en la calle con su hija. Me pregunto si ya encontró trabajo o si le siguen negando empleo y arriendo por ser colombiana.

Me voy de aquí pensando en que sería de ese guaguito colombiano de 5 meses con la piel oscura al café que llegó al albergue por tres días.

Qué le habrá pasado después de regresar a Colombia a vender dulces con su mamita de veinte años y su padre abusivo? Qué le habrá pasado en unos 10 años? Donde estará en 15?

Me voy de aquí sintiéndome más mexicana que nunca al estar rodeada, por primera vez en mi vida, de latinos no-mexicanos.

Me voy de aquí ya sabiendo bailar la cumbia, merengue, samba, y salsa que nunca aprendí al siempre bailar el ritmo de la banda mexicana.

Me voy de aquí brindando mi solidaridad con las mujeres de los grupos de apoyo de la Misión. Me sigo preguntando cómo y porqué la violación tuvo que tocar sus vidas tan preciosas.

Me voy de aquí triste al recordar la imagen de una niña de seis años en uniforme escolar sangrando por sus piernas después de la violación por su hermano mayor de veinte años. Me voy de aquí incrédula de que su madre le echó la culpa a ella por su propia violación y procedió a pegarle y castigarla.

Me voy de aquí extrañando la bulla de mis compañeras alegres.

Me voy de aquí nerviosa para regresar a los Estados Unidos donde la gente no sabe saborear los momentos presentes. Donde uno no se sienta a comerse un heladito de paila, sabor taxo por favor, con sus amigos. Donde uno glorifica su exagerado uso de cafeína y presume el tiempo que no tiene y no alcanza.

Me voy de aquí esperando que no se me olviden estos momentos tan únicos que provocan una tormenta enorme de sentimientos y pensamientos que me acompañaban a la hora de dormir cada noche.

Me voy de aquí, pero llevo conmigo lindos recuerdos y más motivación para seguir aprendiendo y difundiendo estas preciosas historias que nunca espero dejar atrás.

English:

I have been so very welcomed by these communities. Listening to the stories of the women from the women’s support groups in the Misión, I am in awe by their strength and resistance, but I also realize that we live in a very cruel world that does not have to be cruel. I came with the false assumption that I would be able to understand the population of migrants and refugees because of my own experience with the Mexican immigrant community in the United States. However, I realized that the experience of Mexican migration is very different from what is seen of Colombians and Venezuelans.

I am leaving Ibarra, more confused and curious about migration patterns and refugees in Latin America. I spent many nights after my work in la Misión researching the Colombian conflict to better understand the cases of the Colombian people. I soon realized that the armed conflict in Colombia has a long and complex history. I also realized that despite being migrants, each person’s cases were very different due to the country’s (Venezuela and Colombia), political, economic, and social issues.

I leave here yearning to get to know the lands and cultures of the home countries of the women at la Misión. I leave here wanting to see those beautiful places of Cali, Caquetá, Caracas, Mérida, and all the towns and cities of which I heard many stories of.
I leave here with an insatiable craving for arepas, pandebono, tostones, and quesillo. I leave here savoring that rich Colombian coffee and aguapanela that warms one’s body and soul.
I leave here accustomed to listening to the sweet musicality of those soft and quick Venezuelan and Colombian accents.
I leave having added “chama”, “vaina”, “ladilla”, “pana”, and “ratico” to my Mexican-predominated vocabulary.

I leave here feeling that my contributions were not enough and that my stay was too temporary.
I leave here with an irreconcilable anger and remorse towards this xenophobic society in which we all create.
I leave here thinking about the Colombian woman who does not have the money to buy the medicine she needs for her brain. I’m left wondering if she had to spend more nights sleeping on the street with her daughter. Has she found a job yet? Does she continue to be denied from employment and rent because she is Colombian?
I leave here thinking of what became of that Colombian curly-haired guaguito of 5 months with skin as dark as coffee that arrived at the Misión’s shelter for three days. Will he remember his mother taking out a blade to defend herself from his papi?
What happened to him after returning to Colombia accompanying his 20 year-old mother and abusive father to sell sweets in the streets? Where will he be in 10 years? What more will he have seen of the world before he is 15? Will the guerrillas have ended during his lifetime? Or will his lifetime have ended by the guerrillas?

I leave here knowing that in this very instant the Colombian woman is wondering if her son, taken by the guerrilla at age 15 in 2011, is alive or dead. I know she will spend another night in front of her T.V. praying that her son’s name will appear on the screen. Dead or alive. She just wants to know. Colombia’s peace treaty keeps her hope alive. But we all know that Colombia’s peace treaty is all talk.

I leave here, feeling more Mexican than ever having been surrounded, for the first time in my life, by non-Mexican Latinas/os.

I leave here, having improved my cumbia, merengue, samba, and salsa dancing that I never learned while I always stuck to the rhythm of Mexican banda.

I leave here in solidarity with the women from the support groups at la Misión. I continue to ask myself how & why rape had to touch their precious lives.

I leave here sad as I remember the image of a little six-year old girl in school uniform, with blood running down her legs after being raped by her twenty-year old brother.

I leave here, incredulous that her mother blamed the girl for her own rape and proceeded to hit and punish her.

I leave here missing the rowdiness of the joyful women at la Misión as they laughed and teased each other.

I leave here scared and nervous for my return to the United States where the people do not know how to savour the present moments. Where one cannot sit down to eat their ice cream cone, “sabor taxo, por favor” with their friends. Where one glorifies their exaggerated use of caffeine & brags about the lack of time they have.

I leave here praying to God that I never forget these moments so unique that torment me with feelings and thoughts that accompanied me to sleep each night.

I leave here, but I take with me such beautiful memories and a raging motivation to continue learning from & retelling the stories that I hope to never leave behind.

Surprise goodbye party at la Misión